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Dr. Rafael Francisco Velázquez Macías
¿Cómo podemos evitar una enfermedad
venérea? Las alternativas pueden ser tres:
-No tener relaciones sexuales. Seguramente, muchos de los lectores protestarán. La sexualidad es parte de nuestro desarrollo integral como individuos. En los animales inferiores cumple el
fin de la procreación para mantener la especie; en el hombre, también persigue este objetivo; empero, proporciona placer y una fomla más íntima de relacionarse con otro ser humano, de tal manera que la procreación pasa a un segundo
término.
-El condón. Desde la invención del plástico ésta ha sido una de sus mejores aplicaciones. De
forma tubular y con un receptáculo en la punta (bombilla), el condón constituye el mejor instrumento para evitar
enfermedades venéreas tanto a heterosexuales (personas de diferente sexo) como a homosexuales.
Existen muchos mitos acerca del condón. Se dice que disminuye la sensibilidad, siendo que ésta no radica ciento por ciento en los genitales, sino en la
forma de pensar de cada persona.
El rechazo puede ser por parte de la mujer o del hombre. Se "argumentó" que el condón altera el goce de una relación sexual. Si ocurren cambios en este ámbito es porque existe un problema de fondo en la pareja, casi siempre de origen
psicológico.
Al principio es posible que exista algún grado de dificultad
técnica para usar condón, por ejemplo que se salga. Cada vez que ocurra una nueva
penetración hay que cambiarlo, sobre todo si se pasa de la vagina al ano o al revés. Hoy día, es posible conseguirlos gratis en cualquier Centro de Salud incluso en una miscelánea.
Otro de los mitos atribuidos a este excelente objeto es que se trata de un cuerpo extraño, ajeno al organismo. Si somos estrictos, el pene es un cuerpo extraño en cualquier mujer u hombre; la enfermedad venérea también lo es...
En conclusión, siempre tenga un condón a Ia mano, o mejor: donde debe estar, en el pene.
-Tener una sola pareja. Aquí también, seguro,
habrá protestas. Sin embargo, las relaciones sexuales con muchas personas aumentan la posibilidad de contraer una
infección, independientemente de la vía de penetración.
Además, existen infecciones virales trasmisibles por sexo, que pueden tenninar en cáncer tanto en mujeres como hombres. De por sí, nuestra propia pareja o nosotros mismos podemos ser portadores de una
enfermedad venérea de larga evolución (incluso decenios de años). No aumentemos el riesgo. Si esta opción no cabe en su
forma de ser, regrese al segundo punto.
Fuente: Períodico Summa, Sección Cultural, página 22; jueves 24 de octubre, 1991.